Excerpt for Le Dangereux Trio De Papa by Alex Anders, available in its entirety at Smashwords

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El peligroso doble equipo de papi 2

Por: Alex Anders



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El peligroso doble equipo de papi 2



Cuando se cerró la puerta de la casa la mirada de Connor atravesó su cuarto, fijándose sobre Eva. Él había estado encerrado ahí todo el día con su novia, esperando que su padrastro, Tag, se fuera.

¿Ahora?” preguntó Eva, inclinándose en el viejo sillón gris que Connor había arrastrado a su cuarto.

No, espera.”

Connor se bajó de la cama y se acercó a la ventana. A tres pies de ella, el vio hacia afuera, esperando a que Tag se metiera al bosque detrás de la casa. Connor vio a su padrastro, sin camisa, perderse entre los árboles, y después de un momento, lo vio salir de nuevo. Su sendero era su manera de verificar si alguien lo seguía, Tag siempre fue claro en que no quería que nadie lo hiciera. Él siempre decía que algo malo le pasaría al que lo siguiera. Todos los que lo conocían no dudaban de su palabra.

Cuando Tag se mudó a la casa de la madre de Connor, tenía el más grande arsenal de armas que Connor jamás había visto. Tag se refería al mismo como un superviviente, mientras que otros preferían el término: paranoico. Connor no había visto que era lo que causaba tanta conmoción. La explicación que daba Tag sobre su colección era que si algún día la economía se derrumbaba completamente, la sociedad seguiría sus pasos. Él consideraba que sus armas eran las únicas cosas que los mantendrían vivos, a él y a su familia. Eso no le parecía paranoico a Connor.

La madre de Connor no estaba de acuerdo. Tag era bienvenido en su casa, pero sus armas no lo eran. Así que un día Tag empacó todas sus armas y se las llevó hacia el bosque. Connor nunca las volvió a ver.

Fue ahí cuando Tag empezó su entrenamiento de supervivencia. La mayor parte de su entrenamiento consistía en ejercicios de piso, pesas y de correr. El entrenamiento había dejado su cuerpo en perfecta condición, con solo uno porciento de grasa corporal. Pero cada mes, en un fin de semana, Tag se desaparecía entre el bosque, sin camisa, regresando Domingo por la noche, rasguñado y exhausto.

Connor pensaba que había algo extremadamente sexy en pelearse mano a mano con la naturaleza, algo rudo y varonil. En la noche cuando Connor pensaba sobre ello, se imaginaba a Tag haciendo sus ejercicios sin camisa, o hasta desnudo. Él no podía contenerse y se masturbaba. Connor no pensaba mucho sobre los hombres cuando se tocaba su pene de siete pulgadas y juvenil. Pero al pensar en Tag, desnudo y peleándose contra los elementos de la naturaleza, su pene se endurecía.

Eva, la novia de Connor, sentía lo mismo por Tag, pero sin tenerle el mismo respeto que Connor. A Eva se le hacía atractivo Tag por su físico, y por su rudeza. Pero ella era una oportunista, y cuando Connor mencionó las armas de Tag, lo primero que preguntó fue, “¿Cuanto piensas que valgan todas?”

Eva medía alrededor de cinco pies con cinco pulgadas y era muy delgada. Ella tenía 19 años y era de pelo oscuro, igual que Connor. Aunque Eva tenía una cintura muy pequeña y marcada, ella también tenía pechos de copa C, cuyos se veían demasiados grandes para su pequeño cuerpo.

El cuerpo de Eva que tenia forma de muñeca Barbie, no la detenía. Ella no podía considerarse una “tomboy”, pero Eva podía ser tan agresiva como sus compañeros. Así fue como conquistó a Connor. Connor era el chico callado pero guapo, del que todas sus compañeras hablaban. Eva fue la que lo invitó a salir. De regreso a casa de su primera cita, Eva se lo cogió.

Eva no pudo contenerse en compartir los detalles de su conquista con las otras chicas. Mientras ella caminaba por los pasillos de la escuela, oía a las otras niñas susurrando. Eva no podía contener su gran sonrisa picara. Dentro de ella sabía que era la chica que todas querían ser, y tenía la razón.

Fue un día, después de hacer el amor, que Connor mencionó las armas de su nuevo “Papi”. La cantidad de armas la sorprendió, porque ella sabía cuánto podía llegar a costar solo una de ellas. Eva tenía un primo que había ahorrado para comprarse un arma. Él le dijo a Eva que empezaban desde $600. Después de escuchar sobre la colección de Tag, Eva le preguntó a su primo si el pagaría $500 por una arma, sin hacer muchas preguntas. Ese ahorro de $100 quería decir que obtendría su arma casi uno o dos meses más temprano, el estaba apuesto a lo que traería Eva.

¿Quieres ganar $250?” Eva le preguntó a Connor, una noche, antes del sexo.

Por supuesto ¿Que quieres que haga?” Connor preguntó, sarcásticamente, antes de que Eva moviera su cabeza hacia su pubis desnudo.

Hablo en serio. ¿Tú sabes donde guarda sus armas tu padre?” Ella preguntó, llegando al grano. “Porque si podemos conseguir algunas, yo conozco a alguien que las compraría.”

Connor soltó una carcajada. “¿Has visto a mi padre? ¿En verdad piensas que sería buena idea robarle?”

Eva fijó su mirada picara sobre su novio. “Si haces esto, dejare que hagas cosas conmigo,” ella dijo, deslizando su mano por el marcado abdomen de su novio, llevando sus pequeños y delicados dedos a enrollarse sobre su comparablemente gran pene.

¿Como qué?” Connor preguntó, sabiendo lo que él deseaba.

¿Q me quieres hacer?”

¿Quieres que te lo meta en el culo?” Connor preguntó, demasiado espantado para moverse, en caso de que ella cambiara de opinión.

Cuando Eva sintió su pene totalmente erecto pulsar en su mano, ella sabia que le pertenecía a ella. Mirándolo fijamente a sus ojos cafés claros y acercándose a sus labios, ella podía ver el dinero.

Si,” Eva dijo sensualmente, rozando su mejilla ligeramente contra la suya.

Eva creía que estaba segura de porque él quería tener su culo. Era porque él quería un pene en el suyo. Claramente, Connor no era gay, pero la manera en la que hablaba de su padrastro, no podía esconder lo que sentía.

Eva sabía que algún día en la vida de Connor él tendría que morder una almohada mientras alguien con un pene más grande que el suyo dominaría su muscular trasero. A Eva no le molestaba eso. En verdad, si ella tuviera un pene ella misma se lo haría. A ella le hubiera encantado hacer gritar a Connor. Más allá de su fantasía de meterle su pene al virgen culo de Connor, su único deseo era ver que otra persona lo haría.

¿Que dices?” Eva le susurro en el oído, y poniendo su voz más aguda, como una niña, le pregunto, “¿Quieres metérmela en el culo?”

El corazón de Connor palpitaba rápido al pensar en esa idea. “Si. Okay,” dijo sin acordarse de lo que a él había acordado. “¿Puedo probarlo?”

Solo si me dices ‘Por favor’”, dijo ella, hablando como niña de diez años.

Por favor.” Connor le rogó en un tono controlado.

Bueno,” concedió Eva. “Pero no con esto.” Eva apretó el pene de Connor. Subiendo su mano por su cuerpo, hacia su boca abierta, ella metió su dedo ahí. “Con esto.”

Connor tembló con emoción. Su culo siempre había estado fuera de límite para él. Y pensar que el podría hacer lo que quisiera con él, lo hacía mojarse. Cerrando su boca alrededor de su dedo, el cerró sus ojos y imaginó. A él le encantaba cuando ella metía su dedo en su boca. Lo prendía y excitaba de una manera que no podía explicar. Después de que Eva le había metido el dedo unas veces, él apretó sus delgados brazos con sus manos fuertes, y la puso de estomago sobre la cama.

Connor le bajo sus pantaletas y le agarró ambos glúteos. Esparciendo sus nalgas, el vio la liza piel alrededor de su culo. Se veía tan bueno como para comérselo. Cerro sus ojos y saco la lengua y se metió ahí.


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